Ahora que dejé de ver las noticias, me retracté de leer los periódicos y le di la espalda a la planta de residuos que todos tenéis en el salón.
Ahora que intenté cambiar de aires (otra vez) y la vida no para de retarme.
Cuando llama la incertidumbre a tu puerta y se queda contigo. Y veis películas juntos de las que no te deja disfrutar. Leéis libros en los que al final de la página debes volver una página atrás. Cocináis sin ganas. Salís sin objetivo aparente.
Ahora que Vacaciones se solapa en el diccionario con la acepción del verbo Esperar.
Ahora que todo gira en torno a una cosa.
Le doy la razón a Maslow en eso de construir una pirámide. Aunque cambiaría los nombres de los escalones por esferas.
La fisiología serían nervios. Que se retuercen y te tapan la boca. No dejándote comer. Ni siquiera besar. Y a veces ni respirar al dormir.
La seguridad va al revés y te obliga a abrir las puertas de tu casa de par en par. Y cerrarte tú con cerrojo. No de latón, sino de esos que se reirían de los utilizados por Prosegur. De esos que intentas abrir pero desconoces el cómo. De los de usar maña y fuerza.
De la afiliación queda la amistad. Pero amistad lejana. De esa que a un 'vamos a salir' se contesta un no. Y te haces amigo del bolígrafo y el papel. Y de la almohada. Y de la música que sale de los dedos del pianista del tercero.
El reconocimiento y la autorrealización es una pirámide invertida. Intentas subir pero resbalas. La gravedad te impide la escalada en una pirámide más profunda y afilada que la del Louvre. Que pincha hacia abajo. Hacia los nervios, hacia la seguridad. Hacia la autoestima y casi roza la amistad, pero no la toca.
Cuando te juegas tanto en una sola partida, y te dan un jaque al rey, tú ya sólo puedes interponer una pieza entre el atacante y tú; mover hacia una casilla no amenazada; o capturar al atacante.
Si nada de esto es posible, fin de la partida. Jaque mate. Yo estoy intentando hacer lo segundo.
Por supuesto, aquí me tienes siguiendo tu nueva vida!!
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