"En esta sociedad de la información, se dice que hay dos clases de personas: las que están condenadas a la oscuridad y las que no.
En un mundo caótico y sin control (sin control tuyo, claro), en el que los datos hablan por nosotros (por todos, hasta por los más pedantes; incluso más rápido que ellos), sólo hay hueco para los grandes. Los demás, caerán en la extinción.
Más de siete mil millones de personas, en una sociedad que destruye más empleo que crea (no culpemos a la crisis, ocurriría sí o sí. Incluso más rápido sin crisis). Si no lo crees, ¿dónde compras tú los billetes de avión? ¿en ventanilla?; ¿y la ropa?; ¿te desplazas hasta el banco para hacer las transferencias? De eso se trata. La máquina se ha quedado con nuestros puestos de trabajo. Incluso lo hacen mejor, ni se quejan, ni piden vacaciones, ni telefonean a los del sindicato. Por tanto adiós a los puestos no estratégicos. Y nos condenan a pensar. Dios, pensar, ¿cómo se hacía eso? Pensar para introducirnos en un empleo inteligente.
Yo no quiero ser prescindible, dirás. Pues lo eres. Si se hacen las cuentas, en España hay 35 empresas importantes, con unos 57.000 puestos estratégicos (datos extraídos de clase y a ojo. Sonaría incluso más trágico si hiciésemos las cuentas de verdad, y os dijese que ese es el resultado de sumar todos los puestos importantes de las compañías que forman el IBEX 35 actual). Dicen que todo lo demás serán empleos precarios. Y como indica mi profesor de TICs, Fernando Giner, consejero de negocio y con amplia experiencia de marketing y mentoring (yo aún gateaba cuando él comenzó en esto), el día que creen el robot que te ponga las copas, estaremos acabados. Conclusión: sobra gente.
¿Sobramos quizás todos esos Licenciados, que hemos sido parte de la generación de la titulitis? Miraros, somos iguales. Al menos parecidos. Venga, lanzo a favor que lo que nos diferencia es la inteligencia emocional. Mírate eso. (Autoconocimiento, automotivación, empatía y habilidades sociales).
Si estáis trabajando, enhorabuena. Pero probablemente tu empleo sea precario. Aburrido, repetitivo y mal pagado. Y probablemente también, no estés invirtiendo tu talento en ello. Deléitanos con tu talento. Todo el mundo tiene uno. Sólo hay que explotarlo. Expotarlo y ser valiente. Arriesgado. Y no hablo de dinero. Hablo de aceptar un no. Hablo del háztelo tú mismo. Del emprendimiento, dentro y fuera de la empresa, si es que alguna confía en ti. Así serás estratégico e imprescindible."
Y ayer caminaba de Atocha hasta mi casa, pensando en todo esto. En si soy qué para quién y en si en realidad quiero ser estratégica para algo, en vez de para alguien. Vivir en un mundo sin horarios, con proveedores en Shangai que se levantan cuando tú intentas acostarte; con clientes en Chicago, que te llaman a media tarde. A media tarde de allí.
¿Tendría tiempo para cocinar? ¿Comería? Bueno, tu esposa, si es que eres capaz de mantenerla con todo el tema del proyecto que acabáis de arrancar en Tailandia, te tendrá la cena preparada el día que duermas en casa y no en hoteles. Pero ¿y yo? Yo soy mujer. Alimentemos de problemas los problemas. Ah, y a eso súmale tacones. Y sonríe.
...Y fue justo entonces cuando aquel viejecito, con su rebeca de lana vieja, color verde botella, moteada de aguardiente y vino de tetrabrick; con sus manos arrugadas, trabajadas años atrás y con su gorra blanca de la Expo 92, levantó la vista, vaso de Coca-cola en mano. Dentro de él, algunos céntimos. Su mirada mustia, apagada, se enfrentó a la mía a penas un segundo. Bajó el vaso al ver que yo llevaba una carpeta archivadora. 'Estudiante', pensaría.
Y yo sólo pensé ¿qué ha hecho Coca-cola por él? ¿otorgarle un vaso? No, el vaso probablemente sea tuyo, que ayer lo tiraste en una papelera de Gran Vía. Y fue justo en estos segundos, ligeros como plumas, cuando vinieron a mi cabeza las siguientes palabras: Responsabilidad Social Corporativa.
Llegué a casa, me descalcé y pensé: Este Fernando (mi profesor) qué hijo de puta. Y sonreí.
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