sábado, 26 de octubre de 2013

Malditas latas de Coca-cola.

Llovía. Era de esas primeras lluvias de otoño que a unos frustra y a otros inspira. Que a unos moja y a otros da vida. En el Arco de Cuchilleros se refugiaba un joven, papel y pluma en mano. Era una estilográfica de esas que ya nadie usa. De esas que hay que tratar con suavidad y paciencia. 

'Carta del amante de Praga:

No quiero verte en los charcos. No quiero olerte en la gente. No quiero imaginar tu cabello ondeante entre la multitud. No quiero pensarte. 
No quiero sentirme pequeño y abandonado en un lugar atestado de gente. No quiero imaginar tu sonrisa. No quiero verte en otros ojos. No quiero dejar caer estas lágrimas. 
No quiero recordar tu voz. No quiero que interrumpas mis más elaborados pensamientos. No quiero que aparezcas mientras trabajo. Mientras cocino. Mientras bebo whisky. 
No quiero sentirte cuando cierro los ojos. No quiero verte en estos escalones. No quiero verte en cada calle. En cada casa. En cada acera. No quiero ver tu nombre en los rostros ajenos. 
No quiero que irrumpas en mis sueños. Que existas entre mis cojines. No quiero sentirte en esta pluma. No quiero pensarte en este papel.'

Cerró los ojos. Arrugó la hoja entre sus manos. Apretó con fuerza. Se levantó del quinto escalón y se mezcló entre la multitud. Arrojó la bola de papel a la puerta del mercado de San Miguel. Comenzó a pensar en otras cosas. En la risa de los turistas. En las copas de vino que brindaban dentro. En los canapés de las vitrinas. En los panecillos con gulas. En las ostras. En su viaje del año pasado a la costa francesa. En aquella chica rubia que bailó con él aquella noche de verano. En el proyecto que debía presentar la semana siguiente. En el libro que debía leer antes de la presentación. Y justo en aquel momento, dio una patada a una lata de Coca-cola que llevaba el nombre de ella. 'Así es imposible, -pensó- si sigues hablándome en silencio'.




miércoles, 16 de octubre de 2013

Fugaces.

"En esta sociedad de la información, se dice que hay dos clases de personas: las que están condenadas a la oscuridad y las que no.

En un mundo caótico y sin control (sin control tuyo, claro), en el que los datos hablan por nosotros (por todos, hasta por los más pedantes; incluso más rápido que ellos), sólo hay hueco para los grandes. Los demás, caerán en la extinción.


Más de siete mil millones de personas, en una sociedad que destruye más empleo que crea (no culpemos a la crisis, ocurriría sí o sí. Incluso más rápido sin crisis). Si no lo crees, ¿dónde compras tú los billetes de avión? ¿en ventanilla?; ¿y la ropa?; ¿te desplazas hasta el banco para hacer las transferencias? De eso se trata. La máquina se ha quedado con nuestros puestos de trabajo. Incluso lo hacen mejor, ni se quejan, ni piden vacaciones, ni telefonean a los del sindicato. Por tanto adiós a los puestos no estratégicos. Y nos condenan a pensar. Dios, pensar, ¿cómo se hacía eso? Pensar para introducirnos en un empleo inteligente.


Yo no quiero ser prescindible, dirás. Pues lo eres. Si se hacen las cuentas, en España hay 35 empresas importantes, con unos 57.000 puestos estratégicos (datos extraídos de clase y a ojo. Sonaría incluso más trágico si hiciésemos las cuentas de verdad, y os dijese que ese es el resultado de sumar todos los puestos importantes de las compañías que forman el IBEX 35 actual). Dicen que todo lo demás serán empleos precarios. Y como indica mi profesor de TICs, Fernando Giner, consejero de negocio y con amplia experiencia de marketing y mentoring (yo aún gateaba cuando él comenzó en esto), el día que creen el robot que te ponga las copas, estaremos acabados. Conclusión: sobra gente.


¿Sobramos quizás todos esos Licenciados, que hemos sido parte de la generación de la titulitis? Miraros, somos iguales. Al menos parecidos. Venga, lanzo a favor que lo que nos diferencia es la inteligencia emocional. Mírate eso. (Autoconocimiento, automotivación, empatía y habilidades sociales).


Si estáis trabajando, enhorabuena. Pero probablemente tu empleo sea precario. Aburrido, repetitivo y mal pagado. Y probablemente también, no estés invirtiendo tu talento en ello. Deléitanos con tu talento. Todo el mundo tiene uno. Sólo hay que explotarlo. Expotarlo y ser valiente. Arriesgado. Y no hablo de dinero. Hablo de aceptar un no. Hablo del háztelo tú mismo. Del emprendimiento, dentro y fuera de la empresa, si es que alguna confía en ti. Así serás estratégico e imprescindible."


Y ayer caminaba de Atocha hasta mi casa, pensando en todo esto. En si soy qué para quién y en si en realidad quiero ser estratégica para algo, en vez de para alguien. Vivir en un mundo sin horarios, con proveedores en Shangai que se levantan cuando tú intentas acostarte; con clientes en Chicago, que te llaman a media tarde. A media tarde de allí.

¿Tendría tiempo para cocinar? ¿Comería? Bueno, tu esposa, si es que eres capaz de mantenerla con todo el tema del proyecto que acabáis de arrancar en Tailandia, te tendrá la cena preparada el día que duermas en casa y no en hoteles. Pero ¿y yo? Yo soy mujer. Alimentemos de problemas los problemas. Ah, y a eso súmale tacones. Y sonríe.

...Y fue justo entonces cuando aquel viejecito, con su rebeca de lana vieja, color verde botella, moteada de aguardiente y vino de tetrabrick; con sus manos arrugadas, trabajadas años atrás y con su gorra blanca de la Expo 92, levantó la vista, vaso de Coca-cola en mano. Dentro de él, algunos céntimos. Su mirada mustia, apagada, se enfrentó a la mía a penas un segundo. Bajó el vaso al ver que yo llevaba una carpeta archivadora. 'Estudiante', pensaría.

Y yo sólo pensé ¿qué ha hecho Coca-cola por él? ¿otorgarle un vaso? No, el vaso probablemente sea tuyo, que ayer lo tiraste en una papelera de Gran Vía. Y fue justo en estos segundos, ligeros como plumas, cuando vinieron a mi cabeza las siguientes palabras: Responsabilidad Social Corporativa.

Llegué a casa, me descalcé y pensé: Este Fernando (mi profesor) qué hijo de puta. Y sonreí.

domingo, 13 de octubre de 2013

MadriZ es.

Madrid son cervezas de anoche apoyadas en sus umbrales. Madrid son sus turistas.
Madrid es mi calle y la calle paralela. Nada que ver.
Como agua y aceite. Como ciencia y religión. Como ¿amor e infidelidad?
Mi calle sería la segunda. Aunque Madrid va más allá.

Son sus inmigrantes. Sus tiendas. Madrid son sus gentes.
Son los puntos unidos provenientes de otros puntos.
Madrid son, además, sus madrileños.

Es café a media mañana. Es americanada a la hora punta.
Es un intercalado de pubs que retransmiten la MTV y el bar casa Paco, sintonizando las corridas de toros de la tarde. Y Madrid tiene gentes para cada uno de ellos.

Madrid es estrés en su calle y paz en sus restaurantes. Y en algunas calles paz, y en sus bares jauría.
Son personas que piden en las puertas de las Iglesias, en el metro, en las tiendas.
Madrid son sus ladrones. De bolsos, de besos, de ideas.
Madrid es centro. Es origen. Y es final.

Madrid es primavera en otoño. Es cerveza a las 14 h.
Su música es risa acompañada del claxon de coches que evito.
Madrid es Gran Vía-Tribunal.

Madrid es más. En Madrid todo llega.
Besos de letargo en sus portales. Miradas acuciantes que tienen prisa.

Madrid es mezcla. Madrid es todo sin mar.
Es lo que buscas y lo que no encuentras. Y también lo que encuentras sin buscar.

Madrid huele a CO2 y a perfume de señora. Huele a bolsos caros y también a billeteras vacías.
Aquí nada de lo que sube, baja. Aquí termina lo que nunca empieza. Aquí empieza lo que nunca acaba.

Es el ying yang. Es la opción. Es la duda. Es la brisa. El descaro. Es el cambio de aires.
Y en realidad por eso vine aquí, por el cambio de aires.
Madrid no se asusta si un motero camina al lado de una niña pija.
A Madrid eso le queda bien.


Un cambio de aires, elegir una ruta. Incluso una rutina.
Cambio de escenario. Cambio de personajes. No te preocupes, que a los de siempre no los cambio.
¿Preparados?...¡Acción!




martes, 1 de octubre de 2013

Ahora.

Ahora que dejé de ver las noticias, me retracté de leer los periódicos y le di la espalda a la planta de residuos que todos tenéis en el salón.
Ahora que intenté cambiar de aires (otra vez) y la vida no para de retarme.

Cuando llama la incertidumbre a tu puerta y se queda contigo. Y veis películas juntos de las que no te deja disfrutar. Leéis libros en los que al final de la página debes volver una página atrás. Cocináis sin ganas. Salís sin objetivo aparente.

Ahora que Vacaciones se solapa en el diccionario con la acepción del verbo Esperar.
Ahora que todo gira en torno a una cosa.

Le doy la razón a Maslow en eso de construir una pirámide. Aunque cambiaría los nombres de los escalones por esferas.

La fisiología serían nervios. Que se retuercen y te tapan la boca. No dejándote comer. Ni siquiera besar. Y a veces ni respirar al dormir.
La seguridad va al revés y te obliga a abrir las puertas de tu casa de par en par. Y cerrarte tú con cerrojo. No de latón, sino de esos que se reirían de los utilizados por Prosegur. De esos que intentas abrir pero desconoces el cómo. De los de usar maña y fuerza.
De la afiliación queda la amistad. Pero amistad lejana. De esa que a un 'vamos a salir' se contesta un no. Y te haces amigo del bolígrafo y el papel. Y de la almohada. Y de la música que sale de los dedos del pianista del tercero.
El reconocimiento y la autorrealización es una pirámide invertida. Intentas subir pero resbalas. La gravedad te impide la escalada en una pirámide más profunda y afilada que la del Louvre. Que pincha hacia abajo. Hacia los nervios, hacia la seguridad. Hacia la autoestima y casi roza la amistad, pero no la toca.

Cuando te juegas tanto en una sola partida, y te dan un jaque al rey, tú ya sólo puedes interponer una pieza entre el atacante y tú; mover hacia una casilla no amenazada; o capturar al atacante.


Si nada de esto es posible, fin de la partida. Jaque mate. Yo estoy intentando hacer lo segundo.

lunes, 30 de septiembre de 2013

Elegir, vaya verbo.

Escoger. Seleccionar. Todo conlleva dejar fuera un objetivo, una meta, un camino e incluso una persona. Y qué decir de esas veces que conlleva dejarse fuera a uno mismo. (¿Pero y lo que ganamos, lo que sí que conseguimos? De eso nadie se acuerda. 'Los besos que no has dado' decía Sabina, esos son los que vuelven a tu cabeza una y otra vez, repetidas veces. Pero aquí no hablamos de besos. O sí. Ya veremos).

Como dijo Friedrich von Wieser en su 'Theorie der gesellschaftlichen Wirtschaft' (No te preocupes, yo tampoco sé leerlo), el coste de oportunidad designa el coste de la inversión de los recursos disponibles, en una oportunidad económica, a costa de la mejor inversión alternativa disponible, o también el valor de la mejor opción no realizada. Vale, espera que lo aclaro. Lo que quería decir este señor era que eligiendo una cosa, se rechazaba otra irremediablemente. Aunque hay excepciones como: '¿Qué tarta prefieres la de chocolate blanco o la de almendras?' 'Las dos, tú te pides una y yo otra, y compartimos'. 
En realidad lo de las tartas lo puedes aplicar a casi cualquier concepto de la vida cotidiana, exceptuando, como propone el dicho, el compartir mujeres y coches. Por lo visto eso nunca. Ahora que lo pienso, tengo amigos que aún no se lo saben. Yo añadiría el cepillo de dientes. 

Esto es diferente. A menos que poseas el don de la bilocalidad, o mientas mejor que Napoleón marcándose ese 'No, no, yo sólo estoy de paso para invadir Portugal'. No puedes quedar con tu novio y con tu amante en el mismo tiempo (aunque he oído cada cosa...). No puedes escuchar dos canciones a la vez (al menos disfrutando de ambas). Y no se puede preparar tostadas y cafés para cuatro, todos a la vez, sin que se te quemen las primeras o se te quede frío lo segundo. Vale, siempre hay excepciones. Como para todo. Qué gracia eso de 'la excepción que confirma la regla'. No confirma nada, al revés, te hace darte cuenta de que tu invencible regla es una basura. 

Lo que sí de verdad que no se puede, es estar en dos sitios a la vez. Excepto aquel caso de la monja que andaba por aquí y por Sudamérica, ¿lo conocéis? Pero para eso Dios te tiene que querer mucho mucho y te deja que vayas a la Riviera mientras que tu jefe piensa que sigues aquí, currando en la oficina. 

Después de una experiencia alucinante en el país de los magiares, ahora elijo Madrid. Así, cambiando de tema. 
MadriZ. Una ciudad que es muchas ciudades. Con mil rincones. Mil historias aún por narrar. Miles por escribir. ¿Tenéis idea de todo lo que puede estar sucediendo ahora mismo, sólo aquí? Qué pasada sería poder ver los momentos de cada uno, como hace Lars Von Trier en Dogville. Bueno no, en realidad no mola nada. En todos los pisos viven parejitas enamoradas y Mia y yo somos las únicas chicas del edificio. Es lo que tiene vivir en Chueca. 

Así que aquí estoy, dentro de la M-30. Ahora sí. 
Por cierto Madrid, un piropo, me gusta el acento de tus chulapos. De algunos. Y también cómo tu vida matutina no tiene nada que ver con la nocturna. Ni con la vespertina. Y cómo cambian tus calles, de una a otra. 
Por ahora a lo único que le tengo miedo es a pasear por Fuencarral en plena mañana. Debes ir esquivando jovencitas que pretenden hacerte socio de todas las ONG's de España. Todas. 'No señorita, no apoyo su reserva protectora de suricatos en el Kalahari. Que no, ni por un euro al día. Lo sé, Timón es adorable pero no me enseñe más fotos. Este euro es para mi café de media mañana. Hasta luego'.

Bueno, y ya que me acabo de ganar un euro, me voy a tomar ese café. Pero en la máquina de casa, que esto es Madrid y aquí no redondean al euro, como en el sur.