jueves, 26 de junio de 2014

Vivir en las mentes.

Nos pasamos la vida planeando qué vamos a hacer con ella. Tomamos decisiones, algunas arriesgadas y diferentes; otras, nos dejamos empujar por la corriente y permitimos que el simple transcurso de los días nos marque un rumbo. Planeamos. Planeamos. Y a veces elegimos.

¿Cuánto dura la vida?

Recuerdo la última vez que nos dijimos adiós. Habíamos pasado el día en uno de esos congresos de libre configuración que luego no te dejan convalidar. Nosotros nos entendemos. Recogimos los diplomas ante la vista de todos. Luego tomamos café con tarta. Y brindamos con champán mientras bailábamos. La música era en vivo y, a veces, en los silencios de nuestras risas, podíamos escuchar el graznido de las gaviotas y ver el mudo atardecer escondiéndose en la Ría. La gente se fue yendo. Y algunas incansables nos fuimos andando hasta el Centro. 'La vida se ve más bonita, si cabe, con una botella de vino'. Nos sentamos a bebernos una copa de ginebra que nos duró hasta más allá del deshielo. Hablábamos de idioteces mientras fumábamos y comíamos frutos secos. Ya quedábamos sólo cuatro. Fuimos a pagar y había sido la copa más cara de la historia de la ciudad de Huelva. 'No mames wey', dijiste. Fue la más cara pero nunca pensé que fuera la última.

Última es un término cruel. Forma parte de una serie que no tiene nada detrás.
'Nos vemos pronto', nos dijimos todas. Ya sabéis, cuando uno va de aquí a allá, nunca tiene fechas fijas.

Y entre trabajos y viajes del resto, ella marchó a Perú. A hacer un voluntariado envidiado por todas. Hay niños que no tienen nada y casi nadie piensa en ellos, muchos piensan que para qué vas a joderte la vida con esas mierdas. Pero qué decir de la gente que las hace porque realmente quiere, porque se empeña, y a cambio recibe una sonrisa que, al fin y al cabo, vale más, mucho más, que algunas de las cosas que ahora mismo te rodean. Y a cambio de su sonrisa, ella les entregó su tiempo. Eso, para los que aún podéis leer, es lo que poseemos. Tiempo.

Aquel día brindamos y ya está. Y ya está.

Quién nos puede decir, a nuestros 25, que el árbol con el que se fabrica esa caja en la que nos obligan a pasar el resto de los restos, estaba ya plantado. Plantado, regado y crecido. Mientras nosotros seguimos planeando. Planeando. Planeando.

Y joder, cómo duele.

Podemos aprender a vivir en otros lugares cuando ya no hay lugar. En otras conciencias, cuando en la tuya no vale. En corazones que laten. Podemos vivir en recuerdos. En imágenes. En libros. Si esto es así, nunca morimos. Seguimos viviendo en lugares intangibles. Mucho más místicos que este mundo ruidoso y sin sentido que nos atrapa. Ahora vives en las mentes.

A ti, Ana, que me enseñaste a reírme de mí. Que me hacías reír todo el tiempo. Hasta cuando éste iba en nuestra contra.
Porque como tú me dijiste aquella vez sobre aquel examen: 'No sé si lo he hecho bien, pero al menos lo he hecho bonito. Le he puesto colores.'







1 comentario:

  1. Hola Belén, no le has podido rendir mejor homenaje que este texto tan bonito.
    Como profesor, este grupo ha sido especial, me hicisteis sentir emociones muy fuertes, momentos preciosos, no olvidaré vuestra graduación, no olvidaré vuestras risas y vuestros debates (y yo mirando), pero lo que ha ocurrido creo que servirá incluso para que sos lazos que nos unían no se rompan nunca.
    Que esa sonrisa tan preciosa de Ana nos acompañe siempre (aunque ahora estoy llorando) y nos recuerde que tenemos que intentar ser feliz y hacer aquello que nos dicte nuestro corazón.
    Un besazo a tod@s.

    ResponderEliminar