viernes, 21 de marzo de 2014

Me gustan las personas que sonríen porque sí.

Hola. Hacía mucho que no me confesaba, y como la modestia rehuye de los pecados, he decidido hablar de otras cosas. Otras que Moisés no talló en la piedra. 

Tengo un problema de adicción con las patatas fritas. Así que no las compro. Soy como un heroinómano borrando de la agenda el móvil de su camello, como si no se lo supiera de memoria. 

A veces, cuando no puedo dormir, pongo música relajante de piano. Y eso me hace soñar despierta. Casi siempre con pesadillas. Me hago mi propio corto de Un perro andaluz, pero con menos calidad que el de Buñuel. Y en los míos no hay hormigas. Pero hay muerte y huidas sin éxito. Será porque no me gusta la música sin poesía.

También estoy enamorada de la idea del amor, pero termino huyendo de todo lo que se le parece. O la idea huye. Siempre hay algo que huye. Así que soy incoherente, o demasiado coherente. Pues, ¿qué es el amor? ¿locura o cordura? No me aclaro en esto. 

Amo estar sola cuando estoy con gente y amo estar con gente cuando estoy sola. Me gusta ir acompañada a los bares y desacompañada a las librerías. Me gusta comprar libros para almacenar en mi mesilla de noche. Siempre los empiezo y a veces los termino. 

Esto me hace pensar que casi nunca termino nada. Ni los escritos, ni los libros, ni las series, ni las películas. Cambio de opinión constantemente y siempre estoy segura. Siempre estoy segura de que no estoy segura de nada. 

Me gustaría que siempre me apeteciesen hacer cosas. Me gustaría viajar con parada en casa. Aunque a veces confundo dónde es mi casa. 
Odio que me molesten y que me cuenten cosas que no me interesan. Odio la presión del tiempo y el tic-tac tic-tac continuo que escucho detrás de mi oreja. 
Me gusta que mis amigos me quieran. Me gusta la gente que riñe, la gente que se enfada y la gente que protesta. Y que luego se le pasa. Me gusta la gente que bebe. La gente que come. La gente que lee. La gente que escribe. Me gusta la gente que estudia, la que ama su trabajo y la que tiene hobbies interesantes. La gente que va al cine y que entiende de vinos. Me gustan las personas que sonríen porque sí.
No soporto a la gente que comete faltas de ortografía. Ni a la gente que miente. Ni a los hipócritas. No soporto a la gente que hace daño. 

Pero en definitiva, ¿qué más da? Al final todos pasaremos. Los que amo y los que no soporto. Y Tú. Y Yo. El nosotros que nunca fuimos. Aquellos a los que conocí, aquellos otros a los que nunca conoceré...
Se me olvidó decir que odio los puntos suspensivos. Siempre. En ortografía y en metáfora. Es algo inconcluso. ¿No me sobra quizás con todo lo que dejo a medias? 
Total, el mundo seguirá. Estaba cuando vinimos y seguirá estando cuando nos vayamos. Tan ajeno a nosotros que ni puede sentirnos. Aquí, impuro y corrupto. Con mentiras, cine y patatas. Con libros, artistas e hipócritas. Con ebrios, con sobrios. Contigo. Conmigo. Sin nosotros. 


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